jueves, 8 de febrero de 2024

XII MESA DE INTERCAMBIO DE MINERALES, ROCAS Y FÓSILES "VILLA DE BEMBIBRE"2024

 





DIA: 30 DE MARZO, SÁBADO

LUGAR:

MUSEO ALTO BIERZO (CASA DE LAS CULTURAS), CALLE LOPE DE VEGA Nº 1 BEMBIBRE, LEÓN, CP24300

HORARIO:

DE MAÑANA: 10 A 13.30 Y DE TARDE DE 16.00  A 19.30

RESERVA DE PLAZA  EMAIL: ARAGONITOAZUL@HOTMAIL.COM O LLAMANDO AL TELEFONO 627456333.

RESERVA DE RESTAURANTE (GASTRO BAR-MOMBARS) MISMOS DATOS (precio menú 20€) se facilitará la carta a los asistentes que reserven  para la elección del menú

Queda terminante mente prohibido las transacciones económicas en la mesa de intercambio y museo, si esto ocurriese se expulsara a la persona o personas que lo realizaran.

Aquellos que participen en la mesa deberán de respetar los horarios de cierre de la mesa de intercambio y no retirar la mesa hasta su cierre. Solo casos especiales podrán adelantar su retirada de la mesa

Durante la jornada se realizaran varios sorteos a todos los participantes de la mesa.


Así son las cosas y así se las hemos contado


domingo, 4 de febrero de 2024

Yolanda Navarro González, Maestra de la Pluma y la Escena.


Yolanda Navarro González 

En reconocimiento a Yolanda, por su colaboración con la Asociación Mineralógica y Cultural Aragonito  Azul y su bien hacer.

 

En el corazón del LI Festival Nacional de Exaltación del Botillo 2024, declarado de Interés Turístico Nacional, la ganadora del primer premio del concurso literario ha vuelto a conquistar las letras con su relato "Ne me quitte pas". 

 

Yolanda, nacida en Palencia en 1965, pero arraigada en Bembibre desde la temprana edad de cuatro años, no solo se destaca como una hábil escritora, sino que su contribución al ámbito cultural se extiende como un río fértil.

Con una trayectoria importante en el teatro, Yolanda ha demostrado ser una fuerza creativa indomable. Este no es su primer triunfo en el Festival Nacional de Exaltación del Botillo; ya se llevó la victoria en una edición anterior, la correspondiente al Festival 2021, con la obra “La última cena”, consolidando su posición como una figura icónica en el panorama literario.

Más allá de las páginas de sus relatos, Yolanda ha dedicado tiempo y energía a la promoción de las artes. 

Su participación como miembro del jurado en el certamen nacional de relatos cortos sobre la minería del carbón, organizado por la Asociación Mineralógica Aragonito Azul en Bembibre, destaca sobremanera por su compromiso con el Ayuntamiento de Bembibre y nuestra Asociación.

La solvencia y la perspicacia que Yolanda aporta como jurado no solo enriquecen la competición, sino que también evidencian su dedicación a nutrir y apoyar el talento emergente. Su implicación va más allá de la escritura; es una promotora incansable de la diversidad cultural y artística que florece en Bembibre.

Hoy, desde estas líneas, extendemos nuestras más sinceras felicitaciones a Yolanda por su merecido reconocimiento en el Festival Nacional de Exaltación del Botillo. Su arte y dedicación son faros que iluminan el camino de las generaciones venideras. Gracias, Yolanda, por enriquecer nuestras vidas con tu ingenio y compromiso. ¡Enhorabuena!


En el enlace siguiente podéis disfrutar de su relato ganador

https://www.festivaldelbotillo.com/trabajos-literarios-botillo/2024-ne-me-quitte-pas.pdf


Así son las cosas y así se  las hemos contado


martes, 9 de enero de 2024

FAUSTITAS, CALCOSIDERITAS, TURQUESAS, WAVELLITAS DE CASTROCALBÓN, LEÓN , Y MÁS Y MÁS...


De derecha a izquierda, Antonio, Julio Cendón, Isabel, Ivo Garcia, Jose Luis, Miguel y Juan Manuel


De camino al indicio de las faustitas


     Sin duda un mineral desconocido por casi todos y por la dificultad de encontrar los indicios donde asoman estas muestras, aunque ya es citada en alguna publicación junto con otros minerales asociados en  la localidad de Castrocalbón, bien es cierto que pasa casi desapercibida y no sabemos porque ya que es el único municipio de la península ibérica  del que se tiene constancia de su presencia, gracias a la información facilitado por nuestro socio Julio Cendón conocedor de la zona hemos podido recoger y disfrutar  de tener en nuestras manos algo único que será un tesoro mas en nuestro museo.


Faustita sobre cuarcita.


      Este mineral, la faustita,  y sus acompañantes en este indicio, la calcosiderita, turquesa, variscita, crandallita  y  wavellita, se encentran en fisuras y diaclasas de las cuarcitas de la serie de los cabos, rocas del cámbrico medio, es un fosfato hidratado  de aluminio y zinc, pertenece  al grupo de la turquesa.






Cristales aislados esferoidales de turquesa sobre goethita


Pequeños nódulos de faustita







        A simple vista solo se pueden observar una costras  sobre la cuarcita correspondientes a la serie de los cabos (cámbrico  medio), las tonalidades nos hacen sospechar de la presencia de mas minerales asociados del grupo de la turquesa.










Faustita.

       Ha veces la cromática y los colores nos pueden confundir en la clasificación definitiva, solo un análisis de las muestras nos dará una fiable clasificación  de estos fosfatos.



         La incidencia de la luz cambia los colores  de estas muestras que sospechamos que es turquesa, pendiente de análisis

Posible Turquesa sobre matriz de goethita



     Posible  turquesa, una belleza mineral  y que hemos tenido la ocasión de recuperar para nuestro museo, a falta de análisis mas completos.

                    El micro nos deja ver con mayor detalles los cristales de faustita y calcosiderita de la imagen de arriba


Otra de las rarezas y curiosidades que se dan en este indicio son las bolitas amarillas que en contadas ocasiones vienen acompañando tambien a la paragénesis de este yacimiento.

Posible crandallita, en estudio


Pequeña laguna llena de ranúnculos y renacuajos.

Como decimos en tantas ocasiones no solo de piedras vive el hombre, una maravilla...

Hemerocampa vetusta, polilla de mechón


    Cantera "La Calera", inactiva pero de gran tamaño, solo tiene un frente y las calcitas que hemos podido recoger están alteradas, aragonito muy disperso y masivo, tambien hemos recogido unas muestras de lo que podría tratarse de algún tipo de pedernal  entre la caliza como intrusiones





Esta cantera posiblemente tuviese un pasado romano y alimentase el calero cercano a la misma



La oruga procesionaria ocultándose entre la tierra para iniciar el proceso de transformación a crisálidas

Oruga procesionaria


Así son las coas y así se las hemos contado


lunes, 18 de diciembre de 2023

PREMIADO/AS DEL V CERTAMEN NACIONAL DE RELATOS CORTOS SOBRE LA MINERIA DEL CARBÓN Y SUS RELATOS


Armando Gutiérrez Rodríguez, ganador del certamen


SAUDADE

       

         Angola.

        Cada día, cuando el gran ekumbi asoma en el horizonte, Mamadou Ayo

saca su pequeña cabeza por la exigua puerta de la choza y se planta ante el

amanecer, estirando su negro y delgado cuerpo. Toma el pulido cuenco en sus

rugosas manos, se acerca al redil y apaña entre aquellos sarmientos que tiene

por dedos un teto, no importa cuál ni de qué cabra. Con tres rápidos y nerviosos

golpes obtiene la blanca y justa medida de leche para arrancar su jornada.

         Mamadou Ayo se cuelga un sobado pellejo en bandolera y lo acaricia. Ese

odre es la piel y el espíritu del cabrito Okalunga el saltarín en su lengua, que desde

su sacrificio le acompaña al diario periplo de abastecer de agua a la familia.

Mamadou Ayo tiene que darse prisa antes de que el gran ekumbi queme la tierra

llana y dificulte sus pasos. Mamadou Ayo corre, después de acabar el breve rezo

a su dios para alejar los peligros de su camino, sus pies vuelan sobre la rojiza

arena del desierto de Kaoko mientras la leve brisa de levante hace desaparecer

el polvo y las huellas que deja el enjuto muchacho.

          Mamadou, que en ubundu, su lengua, quiere decir Digno de Elogio,

volverá con algo más de cinco litros de agua turbia cuando el gran ekumbi haya

puesto brasas bajo sus pies desnudos. Su segundo nombre, Ayo, que significa

felicidad, pondrá en su cara una sonrisa cuando al posar su carga sueñe con

tener, quizás algún día, una piedra en el zapato.


          Oporto.

         Cada día cuando el sol asoma, Valdomiro Dacunha se presenta en la

destartalada oficina con su delga do y negro cuerpo; saca con aquellos

sarmientos que tiene por dedos su documentación del bolsillo y la deja en la

exigua ventanilla con la esperanza de obtener algún trabajo que le permita comer

otra jornada. Valdomiro , nacido con el nombre de Mamadou no conoció los

claveles hasta que llegó  a la madre patria, huyendo  del  desierto angolano  y las  

revoluciones, portando esperanzas  y unos metros de tripas vacías, soñando  que 

en aquella idealizada nación  donde el agua surgía con un sencillo giro de la  

mano, todo era posible, todo era posible. Valdomiro  reza en su lengua materna, el umbundu, 

mientras el funcionario revisa sus papeles de ciudadano portugués. Papeles que 

le son devueltos  con un gesto de negación  y un já sinto  por respuesta. Valdomiro  

sale cabizbajo,  con el ánimo ánimo  triste y brasas en el estómago, a pisar un día más. 

los adoquines que brillan bajo sus gastados zapatos.


       Losada

       Cada día, antes de que el sol salga, Valdomiro  camina decidido hasta  La 

Sierra, mudará sus ropas y  cambiará sus brillantes   por unas negras 

botas de goma; tomará su lámpara  y, temeroso pero decidido, se adentrará  en 

la negra y exigua galería. Una vez en el tajo aferrará  con ganas el martillo

neumático, que con el constante traqueteo apaga los  rezos que en  umbundu 

eleva a su dios, para rogarle que le libre del demonio Grisú. Ese ruido le recuerda 

a los disparos de los combatiente del Frente Nacional cuando arrasaron  su 

aldea y tuvo que huir, descalzo y solo, de una guerra que mató más que los 

demonios Grisú y Costero junto. Por eso Valdomiro no teme al jefe vigilante, un 

asturiano resabiado  que a diario les hostiga para  que piquen más y más carbón  

y al que él hace rabiar apagando su lámpara  y mimetizándose con el oscuro 

entorno. Y mientras el del genio áspero  reniega de su dios y escupe  exabruptos 

en su lengua materna, Valdomiro con con sus negras  botas llenas de carbón ilumina 

la explotación con su blanca sonrisa.


        Bembibre.

        Como cada día, cuando el sol está en el punto más alto, Valdomiro, se  

acerca al acerca al Centro Social, se aproxima a la barra y pide con dulce y educada voz  

un café con leche mientras observa, entre confuso y atribulado, aquel extraño 

recipiente llamado cartón. Valdomiro, al que todos llaman cariñosamente  Angola,  

ocupa su mesa la misma de cada jornada  toma la pulida  taza con sus rugosas sus rugosas

manos y la acerca a sus labios y la acerca a sus labios.

           Cuando aparece su antiguo compañero Amilcar -un auténtico 

caboberciano- Valdomiro lo convida a compartir mesa  haciendo un afable gesto

(digno de elogio) y mostrando su mejor sonrisa (felicidad). Amilcar acepta  y  con 

una voz suave como el viento  de levante agradece y saluda  en crioulo. Sin 

necesidad de pedir le acercan la botella de vino tinto junto con una copa. Al 

reclamar otra para su amigo, Angola la deniega y sonríe  musitando  un obrigado.

Amilcar levanta su copa, sonríe con él y responde, A nossa... Pasa el trago  y 

chasquea, gustoso, la lengua. Angola, que al seguir el ritual,  alzó la vista, se  

percata  de que en la televisión Cesária Évora  canta Saudade.

             – Vino del Bierzo, amigo. -comenta Amilcar.

            – Y yo vine del desierto. -replica, socarrón.

            Pero su alma se entristece a ritmo de fado y su  negro y delgado cuerpo

tiembla mientras sueña, cheio de saudade, con un rojo desierto que acaricia 

ardiente sus pies descalzos.

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Elba  Casado Pérez, segunda premiada


LA TORRE DE BABEL 

          Crecí en una torre de Babel entre un crisol de lenguas, piel y tradiciones.

El día en que cumplí siete años vi por primera vez caftanes de seda bordados 

con hilo multicolor y ligeros velos, con oropeles dorados cubriendo las cabezas

de mujeres pakistaníes. La seda y el colorido de sus atuendos me fascinó. El 

mundo de “las mil y una noches” emergió sin previo aviso de la vivienda situada 

en la planta baja de mi edificio. El aroma a mantequilla fundida, a cardamomo,

comino y nuez moscada, trepaba vaporoso por el patio de vecinos como un 

excitante bálsamo. Recuerdo a mi madre maldiciendo ese exótico tufo, que 

relegaba a insípido su mantecoso caldo, mientras, las pícaras muecas de mi 

padre me incitaban a una risotada contenida. 

A los pocos días Razia, se convirtió en mi compañera de pupitre. El maestro 

decidió que era una buena ocasión para separarme, por parlanchina, de mi 

amiga Elenita. Recuerdo la mezcla de jazmín, almizcle y massala1 que 

desprendía la piel de Razia y, el rielar de sus ojos negros, dispuestos a absorber 

con vigor el maremágnum que invadía su mundo. Era una niña tímida y taciturna, 

con una tierna sonrisa. No compartía juegos fuera de la escuela, pero Elenita y 

yo, nos convertimos en sus grandes amigas. Ella nos enseñó que el Asr, es para 

los musulmanes, la tercera llamada a la oración antes de la puesta de sol. Un 

mantra que todos los atardeceres se colaba en el silencio de la calle ya recogida 

de chavalería. Aquel mapa sonoro me acompañó un tiempo, convirtiéndose en 

una rutina melódica cuando en casa se cerraban los pestillos y se encendían las bombillas.

          Con ocho años aún ignoraba las maldiciones que auguran las 

profundidades de una mina. Desconocía que el minero que esquiva la muerte en 

el pozo, enferma, a temprana edad y agoniza en sus últimos días, con los 

pulmones negros y acartonados, pero a esa edad supe con certeza, que ese 

lugar tan cotidiano sentenciaba a muchos hombres y viudas enlutadas de por 

vida, con huérfanos por los que bregar.

El padre de Razia murió al año de su llegada. El turno de noche lo encontró 

muerto en la galería, asfixiado por el funesto monóxido de carbono. Fue el primer 

pakistaní fallecido en la mina y el primer funeral musulmán, en mi pueblo. Razia, 

la pequeña Sherezade, entristecida, pero serena, resplandecía con un Shalmar 

Kameez2 blanco y austero acompañando el féretro, con la foto de su padre. Una 

gran multitud asistió al sepelio para acompañar a la familia, enmudecida en su 

luto blanco. Ese día descubrí que el sentir minero no margina por lenguas ni 

culturas, la única raza es la minera y el mestizaje brota de las entrañas de la 

tierra. Nunca más, volví a ver a Razia, pero si captanes y velos que seguían 

llegando desde Oriente coloreando el pueblo y avivando en mi memoria, el 

recuerdo de mi amiga. El pupitre de Razia, lo ocupó Silvano, un niño inquieto con 

sonrisa lechosa y pelo rizado, esponjoso como el algodón. Mi pueblo empezó a 

tiznarse de piel negra y estampados vibrantes. Gente alegre y laboriosa en busca 

del pan. Compartir la misma lengua tejió una sólida conexión entre Elenita y 

Silvano, a la que yo también me sumé.

         Tenía nueve años la primera vez que vi un muerto. Su rostro pálido, 

fantasmagórico tendido en el ataúd, quedó grabado en mi memoria como una 

cicatriz. Se llamaba Joâo, Joâo el portugués. Era el padre de Elenita. Contaron 

que le había caído un costero. Ese día su abuela interrumpió la clase con el peso 

del luto esculpido en cada línea de su rostro. Bajo la permisiva mirada del 

maestro, cogió a Elenita, empalidecida, de la mano y se la llevó. Todos intuimos 

lo que había pasado, menos Silvano. En aquel entonces, yo ya conocía que la 

mina es como una diosa caprichosa que marca el destino de los mineros con un 

solo soplo de azar. En el pueblo todos éramos parientes de la mina, “No hace 

falta ser minero para venerar a quien te da de comer”, decía mi padre, quien se 

pasaba el día en la fragua, forjando clavos para entibar las galerías.

Joâo había emigrado de Portugal, como muchos de sus paisanos, en busca de 

un mejor porvenir. Lo recuerdo siempre risueño, silbando un fado y sus ojos 

perfilados por el polvo del carbón. Sus uñas ennegrecidas y azulada la cicatriz 

de su rostro. Yo, aún tenía un concepto confuso de la magnitud de la muerte, 

aunque si la certidumbre de que Elenita estaría muy triste. Caminé rumbo a su 

casa, junto al bar Sol, siempre concurrido y bullicioso a la hora del vaseo. Esa 

tarde el alboroto era un murmullo alicaído. Se brindaba en memoria de Joao y la 

suerte de muchos por sortear los caprichos de “la diosa negra”.

La puerta estaba abierta y el silencio era abismal, sólo quebrado por los lamentos 

de la viuda que hipnóticamente me guiaron hasta el salón. Era difícil reconocer 

a la madre de Elenita enlutada hasta la cabeza, cubierta por un velo negro. Tras 

él se vislumbraba un rostro marmóreo, descompuesto, y unas nacientes ojeras. 

Fue un instante el que permanecí en esa estancia, pero bastó para palpar el 

dolor que anidaba en la penumbra de ese cuarto. La gente rodeada el cuerpo de 

Joâo yacente sobre la tela que mullía el féretro. Su cara lívida y las manos 

renegridas sobre su pecho, se hundieron en mi memoria desterrando mi 

inocencia. Me invadió un intenso escalofrió mientras un corrillo de mujeres 

rezaba una letanía mareante que, a punto estuvo de hacerme desfallecer. 

Agradecí que una piadosa mano me alejara de allí.

En la cocina, frente a una taza de chocolate estaban Elenita y Silvano. A pesar 

del cálido aroma del cacao humeante, el aire era opresivo y el silencio doliente. 

Me abracé a Elenita y con el hipo que produce el llanto me confesó su tristeza. 

No recuerdo de quien fue la idea, pero cogimos a Elenita del brazo y nos fuimos 

de ese nicho. Recuerdo con nitidez la chaqueta negra, sobrada de mangas, que 

vestía Elenita y, el lazo negro que recogía su oscura melena. Con el casto amor 

que late en un corazón de nueve años, Silvano, acariciaba el cabello de Elenita. 

Su párvula y negra mano dibujaba la sinfonía de una morna3 que susurraba con 

pena, “Pa onde bai, ai solidao e un sina, ausencia, ausencia……"

Otra cinta, color antracita, oprimía nuestras almas, pero el hilo que nos unió en 

la infancia permanece indemne como la alquimia de una vieja fotografía. Años 

después el padre de Silvano murió de silicosis. Fue enterrado en el camposanto 

de mi pueblo, que ya era también el suyo. Muy lejos de su Cabo Verde natal. Yo, 

agradecí a la suerte que en esa Torre de Babel mi padre no hubiera sido minero 

y que mi infancia, fuera bañada por el resplandor de un crisol de colores, aromas

y amigos.


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Carmen Rey Diaz, tercera premiada


Escarcha de carbón


Genaro Portillo llegó ignorando que allí su mirada se volvería transparente.

Nació en un pequeño pueblo de Toledo con nombre dulce y frutal. Ana, su

mujer, era sevillana, de La Estepa, donde llegó él en su periplo por infinidad de

empresas como jornalero. Este trabajo le llevó a atravesar España de punta a

punta con sus cinco hijos, cada uno nacido en un lugar diferente entre

Andalucía y Salamanca. Viajaron desde el sur llano y caluroso hacia un norte

ondulado y negro. Había oído que las minas del Bierzo estaban contratando

gente, mucha gente, y no hacía falta experiencia, solo ganas de trabajar.

Decidió cambiar las extensas llanuras doradas de trigo y la luz abrasadora por

el interior negro y húmedo de montañas escarchadas por crudos inviernos.

Cambió la azada de los campos infinitos por el “hacho” de la mina

claustrofóbica, los duros terrones repletos de sed por madera que rezumaba

resina y moho. Nunca se planteó su suerte. Se sumergió en las entrañas de la

tierra a buscar el pan que antes le daba el trigo.

Llegaban a la mina andando. Las conversaciones no acallaban el sonido del

hielo resquebrajándose bajo sus pies. . “Genaro, cántanos una copla de esas

de tu tierra”. “Vae, pero tenei que da parmas”, decía, con ese acento del sur

que a los demás le recordaban al Antonio Molina que cantaba “Soy minero”.

Y seguía cantando mientras dejaban la ropa limpia en las taquillas. Aunque su

acento era extraño, su voz se convirtió en costumbre. Seguía cantando

mientras bajaban la percha donde esperaba la ropa de trabajo, llena de polvo

negro y brillante. Dejaban de dar palmas para ponerse la funda. Era como

entrar dentro de una piel dura y quebradiza. Genaro no había podido

acostumbrarse al olor a carbonilla y sudor de ayer. Luego, caminando hacia la

lampistería las palmas ya eran acompasadas. Recogían la lámpara y bajaban

el plano inclinado. Las coplas se perdían en la galería oscura.

Justino le había ayudado mucho, era picador y él su ayudante. Genaro lo

seguía e imitaba hasta parecer su sombra alargada y negra. Mientras llegaban

al tajo, Justino no dejaba de hablar, Genaro escuchaba.

“Chaval, tú no te amilanes. Hay que escuchar. No basta con mirar, la luz de la

lámpara no es suficiente para ver”. Genaro quería mirarle a los ojos, tenía esa

manía, creía que escuchaba mejor si veía la mirada del otro, como si leyera los

sonidos en las pupilas. Justino miraba hacia delante, hacia la oscuridad que

rezumaba agua y olía al moho que salpicaba los maderos.

“Hay que tocar y escuchar”, decía, con su mano acariciando el aire, ”el sonido

de la mina te dirá lo que tienes que hacer. Cuando la madera canta, el techo

aprieta.”

Seguía hablando mientras entraban en la rampla, mientras se arrastraba sobre

el suelo negro, con cuidado de no enganchar la funda en el techo. Genaro lo

seguía imaginando sus ojos llenos de palabras.

“¿Ves aquí?”, señalaba la capa de carbón con el martillo que todavía no había

empezado a hacer ruido. “Aquí hay que picar, en la regadura, para que caiga

mejor el carbón y con menos esfuerzo.” Seguía hablando de lo que había

aprendido durante casi una vida dentro de aquel agujero inundado de sombra.

“El agua es mal fario si te gotea en la cabeza dentro de la rampla. Aquí una

llave, aquí posteamos. Esto aprieta, hay que hundirlo…”

Genaro escuchaba, escudriñando la pared, el techo, el suelo. Todo tan cerca. A

veces, rectando por la rampla se golpeaba la espalda con el techo, la rodilla, el

codo. Miraba al carbón, a la roca. Miraba la pared negra llena de destellos

plateados y pensaba en los infinitos campos de Castilla, dorados, luminosos.

Escuchaba y miraba.

“¡Esta va dura!” gritó Justino entre el sonido ensordecedor del martillo

neumático. Genaro sintió un golpe, un latigazo en la cara. “¡Aparta chaval!”,

oyó. Una fuerza lo arrastró, y su espalda se llenó de arañazos. La funda

rasgada y un escozor intenso en los ojos. El candil se había apagado. “Hay que

escuchar”, recordaba la voz de Justino. Pero no la oía. Goteaba agua. Una

respiración fuerte, o tal vez viento. Pero no podía ser. Un huracán surcando la

rampla, silbando. El mismo sonido lo había escuchado en Toledo, cuando el

viento venía de los campos y pasaba sigiloso por las callejuelas estrechas,

silbando. Pero no podía ser. ¿Por dónde había entrado? Resonaba agudo. De

vez en cuando le soplaba en la cara un aliento frio con olor seco. Ese olor al

que ya se había acostumbrado. Seco, a ropa resquebrajada de polvo negro.

Ese olor de la nube gris que aparecía cuando Justino picaba, acorralándolos.

De repente el silencio. Y después todo se quedó así, perdido en la niebla, en el

polvo negro.

El tiempo pasó entre heridas que se convirtieron en tatuajes azules. Tatuajes

que le recordaban a Justino. “El mangón del martillo se desprendió golpeándole

en la cara” decían los médicos. “El viento silbando”, pensaba él. “Una esquirla

le ha hecho una herida en el ojo, provocando una úlcera corneal”. El escozor y

el dolor se volvieron bruma. “Se ha infectado y puede secarle la córnea”. Ya no

había dolor. “No sabemos cómo ha sucedido, pero a veces la infección afecta

al ojo sano”. Genaro miraba incrédulo la sombra de bata blanca, como si fuera

una aparición. “No podemos hacer nada”. Y sus ojos se secaron de imágenes.

No pudo salir de la oscuridad de la mina. Sus ojos de escarcha verían carbón

para siempre.


Quienes lo vieron vendiendo cupones de la once en el parque San Francisco

de Oviedo no podía imaginar que aquellos ojos secos, transparentes, como si

fueran dos bolas de granizo, aquellos ojos escondidos detrás de unas gafas

oscuras, de ciego, habían dejado de ver en el interior más negro. Quien lo vio,

no podía saber que el carbón había vuelto escarcha los ojos de aquel vendedor

risueño con acento andaluz.


BELEN MINA CANALINA Y ENTREGA DE PREMIOS A LOS GANADORES DEL V CERTAMEN NACIONAL DE RELATOS CORTOS SOBRE LA MINERÍA DEL CARBON. 2023

Empezando la ruta hasta la mina Canalina e Iglesia de Santiago


Con un mar de nubes en el horizonte y restos de niebla espesa que conseguimos dejar atrás a duras penas, nos encontramos este domingo, 17 de diciembre, con una gélida mañana en la acogedora población de Labaniego. Era una cita matinal. 


Ruinas del monasterio de San Fructuoso


Los carteles del encuentro fijaban las 10:00 h como la hora de inicio para la VI Marcha al Belén Artesano Mina Canalina-Labaniego/2023, en la tranquila población rural. Allí cobró vida la Marcha con la presencia de casi noventa almas a pie y una joven ciclista valiente, con maillot colorido, que emprendimos la travesía por los senderos boscosos. Los árboles se entrelazaban formando un dosel natural. La luz del sol comenzaba a filtrarse a través de las ramas. El aire frío y el susurro de las hojas bajo nuestros pies complementaban l

Fray Perico y Fray Josefo


Los restos mudos del Monasterio de Labaniego, testigos del inexorable paso del tiempo, e convirtieron en el escenario donde dos monjes, Fray Perico y Fray Josefo, relataron la historia del lugar con un toque didáctico y jocoso, desenterrando las penas y alegrías de sus antecesores y situando en la actualidad el devenir de sus necesidades, costumbres, religiosidad y decisiones irremediables.

David Fernández, poeta y escritor


La sorpresa aguardaba en la bocamina de la Mina Canalina, donde un Belén artesano y la imagen de Santa Bárbara capturaron la atención de propios y extraños, convirtiéndose en el telón de fondo perfecto para fotos incesantes, acompañados de pastas y ferbudo omnipresentes en cada edición. David Fernández, autor berciano, Recitó dos poesías de su obra "Corazón de carbón", seguido por las melodías de la asociación de Caboverdianos “Amilcar Cabral” de Bembibre que todos, después de tantos años conviviendo, conocemos como "Cabo bercianos", creando un lazo fraternal entre los presentes.


Música en la bocamina Canalina



Asociación de Caboverdianos  Amilcar/Cabral
/

La Ermita de Labaniego acogió la entrega de premios del V Certamen Nacional de Relatos Cortos sobre la Minería del Carbón, bajo el lema en esta edición de "Palabras de carbón, memoria de inmigrantes" para centrar la temática en la relevancia de la inmigración en las cuencas mineras. 


La iglesia a rebosar

Nicanor Garcia Ordiz detrás, Juan Manuel Rincon Rivero iniciando el acto de entrega de premios


El evento se llenó de una atmósfera tranquila y reverente con el eco de los reconocimientos resonando entre los muros de la Ermita.

La emoción se desbordó con la proyección del relato ganador, aplaudido sin cesar. Los gestos de amistad, las sonrisas, las sensaciones de confraternidad y camaradería se unieron a la luminosidad de un cielo que nos premió sin recato.

 La jornada iba tocando a su fin.






Jose Sanchez Sereno "Fray Josefo" responsable principal del certamen leyendo el acta de resolución del jurado del cual es presidente  el escritor Eduardo Keudell







Antes de la entrega de premios la Asociación Amilcar Cabral nos volvió a deleitar con sus músicas étnicas que tanto gustaron a los asistentes

Asociación Amilcar Cabral

Nicanor Garcia Ordiz nombrando a los ganadores del certamen:

                                                         Primer premiado

Primer premiado Armando Gutiérrez Rodriguez, entrega el premio Gerardo Alvarez Courel Pdte. de la Diputación Provincial de León

       Premio otorgado por parte de Aragonito Azul y Rafael Arquillo "KUNUGI" al primer premiado, un maravilloso Goniatites fósil

         Entrega el premio Sigifredo Benavides primer teniente alcalde del Ayto. de Bembibre

                                                            Segunda premiada

Segunda premiada Elba Casado Perez, entrega el premio, Luis Manuel Cabral Pdte. de la Asoc, Amilcar Cabral 


Premio otorgado por parte de Aragonito Azul y Rafael Arquillo "KUNUGI" a la segunda premiada, una magnifica geoda de amatista

Entrega el premio Clemente Rey, Alcalde pedáneo de Labaniego


Tercera premiada

Tercera premiada Carmen Rey Diaz, Entrega el premio Juan Carlos López Alfonso, Jefe de Gabinete de presidencia de la Diputación


Premio otorgado por parte de Aragonito Azul y Rafael Arquillo "KUNUGI" a la tercera premiada, una magnifica geoda de  cuarzo

Entrega el premio, Angel Lastra, Director de la Fundación  Cultura Minera

Cerca del mediodía los caminantes nos dirigimos a la Casa del Pueblo, a poco más de diez minutos calles abajo, donde Clemente Rey (Presidente de la Junta Vecinal y excepcional colaborador) y la directiva de Aragonito Azul nos brindaron, previo intercambio de tickets, con empanadas y bollos preñaos, con bebida al gusto, con café y con un animado sorteo de regalos, muy muy abundante, entre los presentes, sellando así una jornada cargada de sentimientos, emociones y humanidad que difícilmente se borrará de nuestra memoria. Gracias por todo ello, Aragonito Azul.


Regalos por parte de Aragonito Azul 


Durante la comida tambien disfrutamos de la música de  la Asociación Amilcar




Así son las cosas y así se las hemos contado


lunes, 4 de diciembre de 2023

PROGRAMCIÓN RUTA BELEN MINA CANALINA Y ENTREGA DE PREMIOS CERTAMEN RELATOS CORTOS SOBRE LA MINERÍA DEL CARBÓN





Así son las cosas y así se las hemos contado


FALLO DEL V CONCURSO NACIONAL DE RELATOS CORTOS SOBRE LA MINERIA DEL CARBÓN 2023

 

FALLO:

        Recibidos al certamen 119 relatos de los que 119 fueron admitidos a concurso. Valorados de modo individual por los miembros del jurado, se ha procedido a otorgar los siguientes premios: 


▪ Tercer premio, dotado con 50,00 euros, pieza de mineral valorada en más de 200 euros y diploma, para el relato 37 titulado: “ESCARCHA DE CARBÓN” Autora: Doña Carmen Rey Díaz, de San Esteban del Toral (León)


▪ Segundo premio, dotado con 150,00 euros, pieza de mineral valorada en más de 200 euros y diploma, para el relato 109 titulado: “LA TORRE DE BABEL” Autora: Doña Elba Casado Pérez de Bembibre (León)


▪ Primer premio, dotado con 300,00 euros, pieza de mineral valorada en más de 200 euros y diploma, para el relato 22 titulado: “SAUDADE” Autor: D. Armando Gutiérrez Rodríguez de Gijón (Asturias)


    La entrega de premios tendrá lugar el domingo 17 de diciembre en la iglesia de Santiago, VI Belén Artesano de Labaniego en la “Mina Canalina”.


A continuación se exponen los seis primeros seleccionados:


1-D. Armando Gutiérrez Alvarez

Obra: SAUDADE

2-Dª. Elba Casado Pérez

Obra: LA TORRE DE BABEL

3-Dª. Carmen Rey Díaz

Obra: ESCARCHA DE CARBÓN

4-Dª. María Victoria Martínez Resina

Obra: CARBONILLA

5-Dª. Emilia Zafra Torres

Obra: AMOR EN UN PUEBLO MINERO

6-Luis Javier Ruiz Lería

Obra: LA CARTA

 


domingo, 26 de noviembre de 2023

RUTA BELÉN MINA CANALINA, MONASTERIO SAN FRUCTUOSO Y ENTREGA DE PREMIOS CERTAMEN NACIONAL DE RELATOS CORTOS SOBRE LA MINERÍA DEL CARBÓN 2023

RUTA BELÉN MINA CANALINA, MONASTERIO SAN FRUCTUOSO  Y ENTREGA DE PREMIOS CERTAMEN LITERARIO

Dia 17 de diciembre, domingo.

Lugar: Labaniego, parking del pueblo.

Hora: 10.00 horas

Salida ruta: 10.15 horas

Recorrido: 2.5km, ruta circular

Dificultad: Baja, para todos los públicos.

1ª Parada: monasterio San Fructuoso (Labaniego)

12.00 horas: 2ª Parada Mina Canalina, inauguración del V Belén artesano Mina Canalina, avituallamiento, café y pastas con el famoso licor caliente Ferbudo,

13.00 horas: Entrega de Premios del  V Certamen Nacional de Relatos cortos sobre la minería del carbón este año con el tema "Palabras de carbón, memoria de inmigrantes" 

Lugar de entrega: Iglesia de Santiago,  Labaniego, Bembibre, León.

Acto amenizado por músicos  de la Asociación de Caboverdianos AMILCAR

14.00 horas: comida campera en la casa del pueblo de Labaniego, durante la comida se rifaran varios regalos de alto valor geológico (no tirar los tickets)

Reservas de Ticket llamando al 627456333, mandando un email a: aragonitoazul@hotmail.com  o en la tercera planta museo alto Bierzo, lunes, miércoles  y viernes de 16.00 horas a 18.00 horas

Precio por persona: 8€

Fecha limite de reservas: 13 de diciembre




La ilusión de montar el Belen todos los años no se nos apaga, otro año con nuevas ilusiones.



              Este año se nos a colado Shrek en el Belén...


¿Shrek?






 Así son las cosas y así se las hemos contado

sábado, 18 de noviembre de 2023

EDICIÓN SELLO CONMEMORATIVO HALLAZGO INSECTO UNICO EN EL MUNDO "MISCHOPTERA BERGIDENSIS SP. NOV."



        La Asociación Mineralógica y Cultural ha querido conmemorar el hallazgo de este insecto realizado en el año 2017, reconocido en junio de  2022 y presentado en el 2023  en el Área d Geología y Paleontología del Museo Alto Bierzo de Bembibre, León, 

       Un insecto único en especie en el mundo y que representa una parte importante de la nueva sala de paleontología Roberto H. Wagner de nuestro museo, debemos de agradecer las investigaciones que se están realizando desde instituciones científicas como la Universidad de Vigo  y que ponen rigurosidad a los materiales paleontológicos que se muestran.




                            Recreaciones realizadas por el ilustrador científico Jesús David Oviedo




                                                      


Estos sellos estarán disponibles a partir del  día 16 de Noviembre con un valor de 5€ por sello

Se pueden solicitar a través de nuestro email:  aragonitoazul@hotmail.com 








  Recreación realizada por el ilustrador científico Jesús David Oviedo 



Así son las cosas y así se las hemos contado